¿Qué tanto es tantito?

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¿Cuántas veces no hemos pronunciado esta frase cuando el oficial de tránsito nos detiene por haber violado algún punto del reglamento y queremos que nos deje ir? ¿O cuándo nos le metemos “a la brava” al auto de adelante para alcanzar a dar vuelta? ¿O cuando deliberadamente hacemos trampas para no pagar impuestos comprando y vendiendo facturas? ¿O cuando queremos sacar provecho de un negocio a la mala? Quizá nos sea más familiar en su forma de afirmación que de pregunta: “No pasa nada hombre, tranquilo. Todo mundo lo hace.”

La ética hoy en día parece ser algo incómodo, pasado de moda y quizá hasta mal visto que te relacione con el mote de “puritano”. Hemos llegado al punto de acallar esa voz interna que se supone nos debe guiar en todas las decisiones que tomamos simplemente porque todo mundo hace lo mismo. La ética parece ya ser un valor optativo y del cual nadie reclama, nadie ve, hasta que nosotros mismos salimos afectados y ahí si despotricamos contra el vecino, el jefe, el líder, el legislador o el presidente por su falta de ética. No nos gusta que nadie pase por encima de nosotros y menos que nos saque provecho o nos cause daño.

Una manera muy práctica de definir la ética es como aquella “vocecita interna” que de manera inmediata nos retroalimenta diciéndonos si lo que estamos pensando o haciendo es correcto o no, si va a causar un perjuicio para alguien o para mi. Hoy el problema no es que esa vocecita este perdida, o que no la oigamos. El asunto es que nos acostumbramos a ignorarla y hacer como que no existe. Si todo mundo lo hace, ¿por qué yo no puedo? Nos vamos alejando de ese camino y mantenemos guardada la brújula en el bolsillo del pantalón, yendo hacia donde todos los demás van. El que no transa no avanza, dicen.

Ahora, por ética no solo me refiero al no robar o a no hacer trampa. Por supuesto que esos son temas éticos fundamentales de respeto hacia los demás. Sin embargo, la ética va más allá de hacer algo, o dejarlo de hacer, que pueda representar un perjuicio para alguien. La ética también tiene que ver con uno mismo, con el cuidado que tenemos de nuestra propia persona. ¿Vigilamos lo que consumimos para alimentarnos? ¿Cuidamos la información que damos a nuestra mente? ¿Cuidamos el cuerpo y lo ejercitamos para mantenerlo saludable? Esa también es una parte de la ética que normalmente olvidamos. Si es algo que nos causará daño, independientemente de si será de manera inmediata o no, es algo que va contra nuestra propia ética.

La sociedad en la que vivimos está fundamentada en el consumismo. Entre más consumamos más dinero gana la industria. Y ese mismo consumismo es lo que ahora nos está causando tamaño problemones que no tenemos ni idea como resolver. La obesidad infantil, el stress, la contaminación de los mares, del agua y del aire, la deforestación… Pónle el nombre que quieras. En aras de un mayor desarrollo, por supuesto malentendido, estamos causando daño al ecosistema, a los demás y finalmente a nosotros mismos. La ética no solo es no robar. La ética es hacer lo que es correcto aunque no nos plazca.

Nuestros hijos prenden el televisor y ¿qué es lo que ven? Constantemente los bombardean diciéndoles que para verse mejor (equivalente a estas feo) puedes usar maquillaje o ropa de marca. ¿Quieres ser feliz (o en otras palabras ¿estas triste?)? Toma un refresco, o come una golosina. ¿Quieres ser importante (o bien, ¿sientes que no vales mucho?)? Cómprate el auto más nuevo que además viene acompañado (o atrae) a mujeres para que te acompañen y levanten tu autoestima.

Eso es lo que están viendo. Pero ¿y nosotros? ¿Te ha visto tu hijo “negociar” una multa con el tránsito, total, todo mundo lo hace? ¿Te ha visto amedrentando a algún funcionario o empleado simplemente porque estás en una posición de poder? ¿Te ha visto romper las reglas y hacer como que nada pasa? Los hijos aprenden con el ejemplo. Al final terminará callando también a su voz interna (aunque no podrán hacerse tontos a si mismos)

Hoy más que nunca necesitamos potencializar la ética de nuestros hijos. No importa la edad que tengan, siempre hay una manera correcta de hacer las cosas, desde regresar el sacapuntas que, aunque te encanta porque es de los Increíbles 2, no es tuyo y debes devolverlo; hasta evitar enredar con palabras (y quizá hasta drogas) a esa muchacha que te encanta pero que no te corresponde como quisieras.

El colofón de todo esto es que al final del día todo efecto tiene una causa. Nuestros hijos deben entender que no podemos andar por el mundo haciendo cosas incorrectas simplemente porque nadie reclama o nadie se queja. No se trata de aplicar la regla de que el que tiene más saliva traga más pinole. Las acciones siempre tendrán una consecuencia y aún y cuando en la temporalidad estas no sean inmediatas, cada causa tarde o temprano tendrá un efecto.

Eduquémoslos para que hagan el bien no porque uno como papá los esté vigilando. Eduquémoslos para que hagan el bien por el bien mismo, por disfrutar esa sensación que se tiene cuando se hace lo correcto, por es tranquilidad mental que trae el haber obrado de manera correcta. Quizá así algún día nos toque ver un mundo mejor que el que andamos administrando hoy en día para ellos.

“Lo correcto es correcto, aunque nadie lo haga; lo incorrecto es incorrecto, aunque todos lo hagan”.
-Agustín de hipona

Créditos de la fotografía:
Sharon McCutcheon on Unsplash

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Este soy yo…

Papá Cuarentón

Aprendiendo a ser un mejor papá para aconsejar a mis criaturas mientras resuelvo la vida con mi yo de hace 20 años. Amo cocinar, el café negro recién hecho y los habanos con una buena plática!

Totalmente decidido a experimentar y disfrutar la segunda parte del viaje de la vida!

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