¿Qué es la felicidad?

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¿Qué es la felicidad? Una de las preguntas más trilladas de la historia, casi casi como la de “¿cómo amaneciste?”, para la cual hay un mundo de respuestas pues su concepción es muy subjetiva. Lo que para mi puede ser una fuente de felicidad para ti puede ser lo más insignificante. Pero el trasfondo de la pregunta es algo que me ha estado dando vueltas en la cabeza por mucho tiempo y sobre todo en los últimos años.

¿Qué tengo que hacer para ser feliz, para encontrarle sentido a mi vida? ¿Cuál es el truco para evitar sentir esa pesadumbre los domingos por la tarde simplemente porque el día siguiente es lunes? ¿Cómo evitar voltear hacia atrás al pasar de los años y ver simplemente un vacío gris y fúnebre? Y lo más importante: ¿qué y cómo enseñarles a las criaturas lo que la felicidad es y el derecho que tienen a ella si a veces ni yo mismo lo tengo claro?

Con esto en mente me llegaron en el momento justo dos mensajes de personas distintas, que no se conocen entre ellas y que ambas me sugirieron ver un poco del material de Tom Shadyac, quien hasta hace unos días no tenía la menor idea de quién era. Y con eso en mente me puse a investigar sobre él y sobre su persona, viendo en YouTube algunas de sus entrevistas y un documental que líneas más abajo abordo.

En un resumen muy rápido, y espero que lo más preciso posible, Tom era uno de tantos aspirantes a ser un afamado director de Hollywood. Por 11 años trató e intentó sobresalir sin mucho éxito hasta que un día dirigió a Jim Carrey, hasta ese entonces desconocido también, quien se dedicaba a hacer stand up en un bar de comedia. Todos sus conocidos en el ambiente del cine le recriminaron ese atrevimiento pero a Tom le importó un cacahuate y el personaje de Ace Ventura fue conocido por el mundo. El resto es historia. Saltó a la fama de un día para otro y película tras película fue acumulando éxitos, “amistades” y reconocimiento de la meca del cine.  Su teléfono sonó tanto que parecería que buscaba recuperar 11 años de haber estado prácticamente en silencio. Las ofertas de películas y gente buscándolo como inversión comenzaron a llegar a borbotones.

Era el sueño americano cumplido a cabalidad. Se esforzó, creció en lo profesional y sus finanzas explotaron de un día para otro. El dinero y los proyectos le llovían. Y justo en ese momento hizo lo que el mismo sueño americano plantea cuando haces dinero: corre a gastarlo y ¡acumula, acumula y acumula! Compró casas, caserones para ser realista, con albercas, jardines, cocinas y más recámaras y baños que los grados que yo cursé de escuela toda mi vida. Obras de arte, autos. Ponle el nombre que quieras. Y pasó lo que tenía que pasar: un día se paró frente al recibidor de una de sus mansiones y se cuestionó el por qué no era más feliz, si eso se supone era la garantía del sueño americano. Se sentía inmensamente solo en ese lugar inmensamente grande y vacío. Comprendió que el camino que había tomado no era el que había soñado y el significado y la meta que buscaba no estaban ahí.

De repente se vio aislado, en una casa que yo creo hasta recorrerla en patines hubiera cansado a cualquiera. Sus vecinos estaban literalmente a cientos de metros de distancia y las fiestas que organizaba le comenzaron a parecer vacías. Fue entonces cuando dio un vuelco a su vida. Vendió sus propiedades, sus obras de arte y se compró una casa móvil y se fue a vivir a un tipo de trailer park.

Tom tomó un camino de una vida más sencilla, sin llegar a un minimalismo extremo. Pero fue ese cambio lo que le permitió sentirse más pleno. Comenzó a disfrutar la experiencia de la vida y de pronto se vio viviendo en un lugar donde tenía lo indispensable para vivir y aquello que no tenía a la mano seguramente un vecino se lo podría prestar, que por cierto, los tenía a escasos metros de distancia. Para él ese cambio le representó una mayor plenitud en lo que él buscaba para sí mismo en la vida.



Y es justo en ese tema y en ese momento cuando la segunda parte de su historia se hilvana en este artículo. Durante un ejercicio en bicicleta tuvo un accidente tal que le causó síndrome post-conmoción. Por años sufrió de lo que él mismo clasifica como una enfermedad mental llena de dolor, de no poder soportar luces y sonidos, de una necesidad casi vital de asilarse antes de saltar al vacío. Como él mismo lo describe, el cerebro es como una computadora que recibe información del exterior a través de los sentidos, los procesa y genera una respuesta acorde. En su caso, la computadora simplemente no servía y no sabía cómo apagarla, es más, le torturaba 24×7. De ahí que muchas personas con ese síndrome terminan suicidándose al no poder soportarlo, tal como algunos jugadores de la NFL. El más reciente que recuerdo de alguien a quien me gustaba ver jugar era Junior Seau.

Ante esa situación y juzgando él mismo que ese sería el último capítulo de su vida, se enfocó en tratar de compartir lo que él había descubierto y experimentado, y de ahí nació el documental I Am, en el cual entrevista a varios líderes globales en diversas materias tales como Noam Chomsky, Coleman Barks, Desmond Tutu, Thom Hartmann, Howard Zinn, entre otros, con la finalidad de contrastar sus ideas con las de ellos y comprobar si la nueva filosofía de su vida tenía sentido y trasfondo. No seré spoiler de este excelente documental por lo que les recomiendo ampliamente que lo vean. En mi caso lo pude encontrar en la iTunes store de Apple.

Estas dos historias, el “despertar” del Tom, como él lo llama, y el documental que produjo después de su accidente me dejan varias enseñanzas que en lo particular espero transmitir aderezado con mis propias vivencias a las criaturas:

  1. La felicidad, como dice Tom, es una práctica, no un destino. Uno decide ser feliz en cada momento. La felicidad es pues el camino, no la estación del tren a la que uno espera arribar. Y es en ese camino, la gente que conoces y las acciones y decisiones que tomas son lo que marcan la diferencia.
  2. El camino que Tom escogió no es el único ni tampoco se puede considerar como mejor que otro. En otras palabras, cada persona tiene su propio concepto de disfrute y de igual manera cada uno decide la felicidad a su modo mientras ésta venga acompañada de plenitud y de significado a su propia vida.
  3. Sin embargo, el concepto de que los excesos no traen la felicidad por sí mismos me parece fundamental. Son los excesos los que hacen que el alma y la vida se pierdan.
  4. La felicidad, en última instancia, es hacer lo que te gusta, lo que te apasiona, lo que te mueve. Enfocarte en hacer eso hará que la felicidad se manifieste sola y toque a tu puerta. Todo lo demás, como me repetían en el catecismo, se da por añadidura.
  5. La riqueza no es sinónimo de felicidad. Ésta por sí misma no te llenará los vacíos internos. La riqueza, como Tom la conceptualiza, tiene sentido cuando te pone comida en la mesa porque ahí sí marca la diferencia en tu vida. Sin embargo cuando la acumulación de riqueza es tal, llega un punto que tener más no te hará más feliz, en absoluto. No es una relación lineal.
  6. Cada cabeza es un mundo y como mencionaba arriba, los conceptos de cuánta riqueza y posesiones son suficientes depende de cada uno y del valor que le de. Eso se traduce en diversidad, y esa mentalidad, entre otras tantas, es lo que hace que la humanidad sea variada. Un mundo utópico de igualdad absoluta daría por resultado una humanidad aburrida y gris.
“¿Te has dado cuenta que las fiestas siempre terminan en la cocina?
Como humanos nos gusta sentirnos juntos, en un espacio confinado. Venimos de los hombres de las cavernas. Nos gusta formar grupos y ayudarnos. Ser útiles unos a otros”
Tom Shadyac

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Este soy yo…

Papá Cuarentón

Aprendiendo a ser un mejor papá para aconsejar a mis criaturas mientras resuelvo la vida con mi yo de hace 20 años. Amo cocinar, el café negro recién hecho y los habanos con una buena plática!

Totalmente decidido a experimentar y disfrutar la segunda parte del viaje de la vida!

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