La generación Netflix

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Así llamo a la generación de niños de hoy, y lo escribo con cierto sentimiento de nostalgia y de preocupación.

No podemos negar que los avances tecnológicos han hecho nuestras vidas más seguras, más cómodas y más sencillas, ¿pero a qué costo? Hoy todos, y no solo nuestros hijos, vivimos en un mundo surrealista donde la inmediatez se ha vuelto el ingrediente, y la necesidad, más demandada. Sino preǵuntate ¿por qué demonios me dejó en visto y no me contesta?

Todo lo tenemos al alcance de nuestros dedos (o de nuestra voz con el aparatito mono de Amazon que hasta te dice “buenos dias” cuanto te despierta a la hora que le dijiste y con la música que seleccionaste, cosas que a veces las criaturas ni se acuerdan de hacer). La rapidez con la que podemos obtener lo que queremos es vertiginosa y dudo que en algún momento vaya  a tener límite.

¿No te gusta el cuerpo que tienes? Te lo cambiamos. ¿Quieres bajar de peso? Haz la dieta del xoconostle de 7 días. ¿Quieres alimentar ese espíritu consumista pero sin salir de casa? Entra a Amazon (y lo más triste de todo es que esa “terapia” de ir al centro comercial y caminar, ver y comprar para que el rush de dopamina entre a la sangre hoy en día con sitios como Amazon -que he de decir que amo por su practicidad- ya ni siquiera pasa eso pues en cosa de 2 minutos compraste lo que quizá ni necesitabas). Es más, el colmo fue escuchar de nuestro ginecólogo historias de mujeres que le pedían “ayuda” para poder tener un embarazo múltiple y ya “desocuparse” de una para tener el par de hijos que siempre habían soñado (¡Santo Clós!).

Los niños hoy no saben lo que es esperar. No comprenden que para algunas cosas hay que perseverar, aguantar y, sí, simplemente esperar. Y no es que esperar sea malo en sí mismo ni que se trate de satanizar a la tecnología. El punto es que nuestros hijos se están acostumbrando a tener todo de manera inmediata y fácil (lo cual repito no está mal) pero desafortunadamente trae, como toda moneda tiene dos lados, el efecto de que no sepan manejar la frustración o ni siquiera comprendan el significado del término perseverancia.

Yo me acuerdo en mis épocas de estudiante que para poder hacer algunas de mis tareas tenía que ir a la biblioteca pública de mi ciudad. Tener en casa la Encyclopaedia Hispannica o Britannica era un lujo inconcebible. Don Google y Doña Wikipedia no existían aún. Había que ir a la biblioteca, buscar en los tarjeteros la bibliografía precisa o pasearse por los anaqueles buscando el libro en la sección más parecida, o que más te sonaba, a la tarea, y eso sí, cruzando los dedos para que el libro estuviera disponible y no lo tuviera alguien más (recuerdo que a veces buscaba los libros en los carritos donde los bibliotecarios los acomodan para después ubicarlos en su lugar). Hoy solo prendemos la computadora o desbloqueamos el celular y en cuestión de segundos (dependiendo que tan rápido escribas) tienes la información  a la mano. ¿Estabas platicando con tu novia o cenando con tus hijos? Espera un minuto que ya consulto la información que necesito al cabo que es rápido.

Mis criaturas son usuarios cotidianos de Netflix. Tienen en sus manos literalmente el poder de ver lo que quieren, a partir del capitulo que quieran, en el momento que quieran y pausar cuando quieran lo que les venga en gana (claro, contenido previamente autorizado por el alto mando de la casa). Recuerdo que en mis épocas de niño ver El Chavo del 8 implicaba esperar al lunes a las 8pm. Si se me pasaba el día y la hora por la causa que fuera no había más alternativa que esperar al siguiente lunes y estar pendiente y haber cumplido mis deberes para no perderme mi programa favorito.

¿Qué efecto está teniendo todo esta cultura de lo inmediato en nuestros hijos? No saben esperar. No saben ser persistentes. Se rinden a la primera de cambios. Fácilmente se sucumben ante la frustración. La satisfacción inmediata los está convirtiendo en autómatas que no pueden concebir el disfrute de algo que les ha costado el lograr o conseguir (y se me viene a la mente los álbumes de estampitas que antes tú como niño tenías que conseguir y negociar con tus amigos -o esperar a que te salieran en el paquetito que compraste con lo que ahorraste de tu domingo o mesada- y que hoy en día las mamás y papás buscan desaforadamente en sus grupos de whatsapp quien las pueda tener y hasta ofrecer dinero por ellas).

Si vemos las tendencias hoy en día, la inmediatez está afectando hasta la manera de relacionarse con los demás. Las relaciones personales son adecuadas si me traen un beneficio inmediato o si tengo alguna satisfacción inmediata (lo que sea que podamos interpretar como satisfacción). Ya nadie se acuerda del dicho de que “quien tenga tienda que la atienda”. Hoy en lugar de procurar a los amigos solo chateamos porque es más rápido comunicarse de esa manera y no nos damos cuenta que el nivel de nuestras conversaciones cada vez se hace más vacío, más precario, más impersonal. ¿Cómo entonces nuestros hijos van a tender esas redes de soporte que les ayudarán a fijar su personalidad durante la adolescencia y en la etapa adulta si su nivel de interacción está limitado a las redes sociales?

La tecnología no es mala en sí misma. El uso que damos de ella es lo que puede convertirse en un problema si se sale de control. Hoy como padres nos toca un trabajo adicional que los nuestros no tuvieron: aprender a dosificarles la tecnología. Y sirve que de pasadita fomentamos en los niños el uso correcto de dichas tecnologías y no solo darles el acceso a las mismas.

Hay que cultivar la perseverancia en los hijos y junto con ella la resiliencia cuando la cosas no salen en el momento que quieren y de la manera que desean. Hay que enseñarles a luchar por lo que quieren sin que esto signifique desgaste o esfuerzo, sino enfoque, energía, deseo y certeza . Esas herramientas les darán la capacidad de manejar sus emociones en la vida adulta cuando la complejidad de las relaciones (personales, laborales y sociales) aumentan de manera exponencial.

¿En verdad no había Netflix cuando eras niño?
¡Qué bueno que nací en otra época!
-criatura mayor.

Créditos de fotografía:
Fabien Wl on Unsplash

2 Comentarios

  • No solo la generación de Netflix estimado, sino la generación del iPad, tablets, smartphones, etc. Me da miedo cuando escucho a mis prim@s decir, ahora la nin@ me pidió un celular, yo What?, está en tercero de primaria, cuando tenía esa edad el que me hicieran una piñata (no siempre) en la patio de la casa o en la calle de la colonia era lo máximo, los regalos (cualquiera que fueran) solo eran felicidad; en conclusión creo que mucho de lo que nuestros hijos son es el reflejo de nosotros mismos, como podemos exigir algo si no predicamos con el ejemplo, creo que muchas veces exigir algo que nosotros no hacemos resulta confuso para nuestros pequeñ@s. Excelente mensaje, un abrazo estimado.

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Este soy yo…

Papá Cuarentón

Aprendiendo a ser un mejor papá para aconsejar a mis criaturas mientras resuelvo la vida con mi yo de hace 20 años. Amo cocinar, el café negro recién hecho y los habanos con una buena plática!

Totalmente decidido a experimentar y disfrutar la segunda parte del viaje de la vida!

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