La felicidad, como el camino, se hace al andar

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Por allá en el año 2000, cuando apenas comenzaba mi experiencia profesional, un compañero del equipo al que yo pertenecía lo promovieron para tomar un puesto de mayor responsabilidad dentro de la empresa y eso suponía que su lugar quedaría vacante. Yo en lo personal había desarrollado ya una amistad con él y la dinámica con el equipo era genial, y pensar en que otra persona se integraría al equipo me hacía pensar que la camaradería que tenía el grupo se vería trastocada. Sin embargo, no había mucho que pensarle pues el proceso de reclutamiento y selección ya había comenzado.

Mi jefe de entonces, con el cual mantengo una amistad hasta hoy y a quién de cuando en cuando sigo frecuentando, me compartió que durante el proceso de selección, el personal de Recursos Humanos le había compartido el expediente de un candidato quien en su información curricular había escrito como objetivo profesional “Ser feliz”. Así. Tal cual.

Al principio nos causó gracia y yo me imagine que mi jefe simplemente iba a pasar por alto ese candidato y continuaría con el siguiente. Sin embargo a él le llamó mucho la atención que esa persona hubiese escrito tal cosa y hubiera aplicado para un puesto en una empresa multinacional. No hacía sentido y hasta cierto punto parecía inmaduro. Sonaba como a chiste. Pero fue tal la curiosidad que le despertó que decidió citarlo para entrevistarlo.

La realidad es que no pasó siquiera el primer filtro y a los pocos días esa historia quedó en el olvido. Sin embargo a mi se me quedó grabado el episodio y aún hoy lo recuerdo con algo de extrañeza. ¿Lo habrá hecho como estrategia de marketing? ¿Quería solamente llamar la atención para llegar a un proceso de entrevistas? ¿Tenía algo más que ofrecer o realmente el caso solo era un chiste? Más allá de eso, en mi cabeza extrapolé ese objetivo para conseguir un empleo hacia lo que se “supone” debería ser nuestro objetivo en la vida como seres humanos. Al final, toda la vida se trata de una búsqueda continúa de la felicidad ¿cierto?

Sin embargo, en la idea de “buscar continuamente la felicidad” está implícito la dificultad de obtenerla, de ahí que sea una algo que debemos de hacer de manera continua, y tal pareciera que nunca llegamos a ella. La sociedad, el sistema económico y la escala de “valores” actuales nos han metido en la cabeza que la felicidad es algo que debemos “perseguir”, que es algo que está fuera de nosotros. A veces vemos la felicidad como la siguiente estación del tren: cuando tenga un trabajo distinto seré feliz; cuando tenga una pareja seré feliz; cuando acabe de pagar mis deudas seré feliz; cuando el mundo “se me acomode”, finalmente seré feliz. Y es precisamente ahí donde estriba la principal causa de esa falta de saciedad en cuanto a lo que ser feliz creemos que significa.

¿A quién no le ha pasado que cuando logras esa meta que tenías tan clara y que como premio iba a traer consigo la felicidad, te quedas, una vez la alcanzas, con un sinsabor en la boca pensando “¡Vamos, lo logré!, ¿no se supone que debería sentirme feliz y pleno?”. Peor aún, se siente un vació y cierta culpabilidad por esa incapacidad de sentirte feliz. Y esa sensación de vacío no hace otra cosa más que poner a trabajar al ego y plantear casi de manera automática la siguiente meta, retadora, para ahora efectivamente llegar a “ser feliz” una vez que arribemos la próxima estación.

El decir que la felicidad es el camino y no el destino es un discurso bastante trillado, pero creo que hasta que lo vives y lo experimentas se comprende realmente. Esta es una de las ideas fundamentales del mindfulness, habilidad básica del ser humano para estar presente en el aquí y en el ahora, porque eso es justamente lo único que tenemos. No podemos ser felices en el pasado ni en el futuro. Y si solo tenemos el presente para ser felices, todo se reduce a la decisión de querer serlo. Así de complicado y sencillo.

En lo personal, en el aspecto laboral, muchos años de mi vida creí que “con el siguiente trabajo” sería completamente feliz. Pensaba que la fuente de felicidad estaba en el trabajo mismo y no era capaz de voltear hacia adentro y entender que la clave estaba en la percepción que yo tenía de ese trabajo. Y con esa idea en la cabeza cambié de trabajo un par de veces, cosa que no fue sencilla ni implicó una adaptación rápida o fácil. Caí en cuenta de que cada uno de esos cambios en pos de buscar la felicidad en el siguiente trabajo se tradujo en algo parecido a una luna de miel laboral: el cambio traía consigo un periodo de tres meses de una falsa felicidad que realmente era más una novedad, un espejismo, y que al final de la misma comenzaba de nueva cuenta el ciclo.

Pero cuando aprendes a que la felicidad, como el amor, es una decisión propia y consciente, comienzas a disfrutar del camino aunque no todo salga como lo esperabas. Es ahí, en ese preciso momento, cuando con todo y a pesar de todo, puedes decidir y ser verdaderamente feliz y así finalmente llegar a sentir un cierto nivel de plenitud.

LA FELICIDAD NO SE PERSIGUE, SE DISFRUTA;
Y NO SE LOGRA, SE DESCUBRE.

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Este soy yo…

Papá Cuarentón

Aprendiendo a ser un mejor papá para aconsejar a mis criaturas mientras resuelvo la vida con mi yo de hace 20 años. Amo cocinar, el café negro recién hecho y los habanos con una buena plática!

Totalmente decidido a experimentar y disfrutar la segunda parte del viaje de la vida!

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